“Los Orígenes de la filosofía: El Asombro”

por: Kiko Benítez S.

1. El Asombro:

Platón decía que el asombro es el origen de la filosofía, a lo que Jaspers agrega: "del asombro sale la pregunta y el conocimiento, de la duda acerca de lo conocido el examen crítico y la clara certeza, de la conmoción del hombre y de la conciencia de estar perdido la cuestión de sí propio."

De la etimología de asombrar dice Monlau: "En su acepción recta y primitiva, es hacer sombra, proyectar sombra un cuerpo, cubrir, envolver, proteger a otro con nuestra sombra y corresponde al latín obumbrare:

Da dos ejemplos del uso del término:

Primero Fray Pedro Manero, en la Apología de Tertuliano:

"Enramaban las puertas con fresquísimos y frondosísimos laureles; asombraban el día con altísimas y clarísimas antorchas."

Luego, Quevedo:

"A la sombra de un corchete
Vivo en aqueste lugar,
Que es para los delincuentes
Arbol que puede asombrar."

"Hoy empero –continúa  Monlau—, asombrar, asombro, etc. se usan mucho más a menudo en las acepciones traslaticias de atemorizar, espantar, aterrar, maravillar, admirar, etc.

Asombrar y sus derivados se escribieron antes con. dos ss, ortografía que sigue aún hoy día el portugués. Este romance y el castellano son los únicos que tienen asombrar, asombro, etc.

Sombra, elemento radical de asombrar, en latín es umbra ¿De dónde habrá venido, pues, la s?... Sombrar es hacer sombra, y vale lo mismo que asombrar en igual acepción; y sombrar, según conjetura el etimologista alemán F. Diez, es una contracción de so-umbrar, conjetura muy bien fundada en la existencia del provenzal sot-umbrar, y del francés antiguo essombre (lugar sombrío). En efecto, sombrar (y con la a prefija, eufónica o intensiva, a-sombrar) supone un tipo latino, sub-umbrare, sota-ombrar, so-ombrar, sombrar, cual sondar viene ineludiblemente de sub-undare (meter, echar, debajo de las ondas, las olas, el agua).

Confirma estas conjeturas el verbo francés sombrer, zozobrar, irse a pique, desaparecer sota, so, el agua, y, en sentido activo, cavar profundamente, sota-tierra, que presenta una metáfora muy natural de sub-umbrare.

—¿Por cuál asociación de ideas —pregunta Monlau finalmente— pasaría sombrar, asombrar, del sentido recto a los figurados, que son hoy los predominantes?...

Tal vez —insinúa él— por el sobrecogimiento, o miedo, etc., que acompaña a la obscuridad, a la sombra."

Termina apuntando:

"'Es un asombro' equivale a es un portento, un pasmo, una maravilla, una cosa extraordinaria, etc. San Agustín fue un asombro de sabiduría e ingenio; San Pedro de Alcántara fue un asombro de penitencia."

Sin embargo ¿Por qué estos etimologistas olvidan que el prefijo "a" puede ser, como en a-teo, a-fónico, uno negativo? En este caso asombrar correspondería a la acción de quitar la sombra, devolver la luz, mostrar: iluminar.

La sombra es una idea presente con fuerza en Platón; son las sombras en la caverna las que ilustran su idea del conocimiento, pero ¿qué es una sombra?

La figura proyectada de un cuerpo que interrumpió en su camino el desplazamiento de la luz.

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